sábado, 6 de octubre de 2012

Namib, un desierto viviente

Los desiertos me gustan. En ellos somos capaces de darnos cuenta de muchas cosas e, incluso, de recordar otras que olvidamos fácilmente en lugares más ajetreados.
Todos los que conozco me han causado una impresión intensa y profunda, capaz de acercarte a ti mismo y alejarte de lo superfluo de la vida (que es casi todo, por cierto). Pero si hay uno que me entusiasma es el de Namibia.

El Namib Desert es, según dicen, el desierto más antiguo del mundo y, sin duda, la mayor atracción natural de la impresionante Namibia. Se extiende a lo largo de toda la costa del país y llega a adentrarse por su extremo norte en Angola y en Sudáfrica por su extremo más meridional, formando una franja de más de dos mil kilómetros de longitud por unos doscientos de ancho.



Skeleton Coast
Toda la parte septentrional de su zona limítrofe con el Océano Atlántico es conocida en todo el mundo como Skeleton Coast, tanto por los esqueletos allí encontrados de ballenas y otros grandes mamíferos marinos como por los restos de barcos que quedaron encallados en las arenas de sus costas de permanente y poderoso oleaje. Hoy son una de las maravillas turísticas de esta antigua colonia alemana que nadie que viaje al sur del continente africano debe dejar de ver.

Los paisajes del desierto son infinitos, el cielo tiene más estrellas de las que nunca fuimos capaces de soñar... y las dunas, rojas e inmensas (algunas con más de doscientos metros de altura) nos trasladan a un océano de arena intensa y profunda, haciéndonos retroceder milenios y dudar de que nos encontramos en el planeta Tierra.

Duna en Sossusvlei
Como es imposible visitarlo en toda su interminable dimensión, tendremos que escoger una zona para visitar y, sin duda, la más interesante y espectacular es la que muchos consideran su punto neurálgico: Sossusvlei, en el interior del enorme Namib-Naukluft National Park.
Aquí las dunas alcanzan su máximo esplendor y, desde ellas, los oryx nos observan con displicencia, con sus largos cuernos y sus caras blanquinegras, adoptando cierto aire de superioridad, mientras que los springboks, más abundantes que sus circunspectos y lejanos parientes, saltan como activados por muelles en sus patas, agachando curiosamente la cabeza, para aumentar el efecto de su impulso. Porque el desierto de Namibia está vivo.

Gecko
Parece imposible que sea así cuando lo vemos por primera vez, perdiendo el aliento ante sus dimensiones y sus colores difíciles de imaginar (ocres, naranjas, amarillos, rojos...), pero está vivo.
Lleno de animales sorprendentes, casi todos silenciosos (los minúsculos geckos son una excepción cuando cae la tarde): zorros, chacales, antílopes, avestruces, cebras, hienas... que se confunden con el entorno en un alarde de mimetismo trabajado durante miles de años. Las pocas plantas que lo pueblan sobreviven gracias a su milagrosa adaptación al medio, hostil donde los haya. Pero encontraremos árboles imposibles, como el shepherd o el quiver, algunos adornados por los nidos más grandes y complejos que podemos imaginar...

Namibia ofrece grandes novedades con respecto a los otros países del sur de África, pero quizás su desierto es la principal de ellas. Para llegar a él, lo mejor es pasar por Windhoek, la capital, desde donde, en coche o en uno de los pequeños aviones que despegan del céntrico aeropuerto de Eros, nos será fácil acceder al corazón del desierto (una hora de vuelo o unas cuantas más, si vamos por carretera). El coche es un medio seguro, más económico y muy recomendable en un país como Namibia, donde la amabilidad de sus habitantes siempre nos ayuda a sentirnos como en casa.

Camel thorn tree
Una vez allí, en Sossusvlei, nos encontraremos con un buen número de lodges y campamentos en los que podremos alojarnos sin problemas, aunque siempre es prudente tener las reservas hechas antes de comenzar nuestro itinerario.
Casi todos son excelentes y resueltos con un inteligente concepto del lujo, muy alejado (afortunadamente) del de los grandes hoteles europeos o americanos. Allí el protagonismo lo tiene la naturaleza y, sin que falte la más mínima comodidad, consiguen que nos sintamos siempre identificados con ella. Por supuesto, no conozco todos, por lo que mi recomendación puede no ser perfecta, pero aseguro que quienes se decidan por Little Kulala, Wolwedans Private Camp o Sossusvlei Desert Lodge quedarán más que satisfechos. En cualquier caso, recomiendo la web expertafrica.com como una de las más completas y prácticas para preparar el viaje (y no solo para Namibia).

Volando sobre las dunas
Entre todos, mi favorito es el Sossusvlei Desert Lodge. Me gustan sus fantásticas excursiones en quad, que nos permiten interactuar con el desierto de una forma muy especial; los paseos a pie por las crestas de las dunas, los vuelos en globo sobre el parque al amanecer; las puestas de sol en la soledad del desierto mientras disfrutas de una taza de té... pero, sobre todo, me gusta que sus habitaciones tengan una gran ventana en el techo, justo sobre la cama, que te permiten quedarte dormido, tras una siempre agotadora jornada, observando un cielo con infinitas estrellas.

Es un viaje único, diferente, que merece la pena hacer si queremos ser conscientes de nuestra verdadera y, tal vez, ridícula dimensión.
El desierto de Namibia. El desierto de la vida. Porque nada es imposible en la naturaleza.

1 comentario:

  1. Un viaje a un desierto único, lleno de vida, magia y belleza. Gracias por compartirlo, y acercarnos a él, con un excelente artículo, y unas fotografías magníficas.

    ResponderEliminar